En español se hace difícil comprender el término "vida silvestre" porque, en realidad, es una frase que se origina por traducción literal de la palabra inglesa "wildlife"; sabemos lo que es vida y lo que es silvestre pero al unir los dos términos viene confusión (Nota: en español, el término silvestre está más asociado a plantas que a animales: plantas y flores silvestres, por ejemplo). La frase que, en español, más se aproxima a la idea de la palabra inglesa wildlife es la de fauna salvaje.
"Vida silvestre" aparece mucho asociado a un
concepto administrativo y, así, encontramos "Departamentos (Oficinas,
Secciones) de Vida Silvestre". De estos orígenes administrativos, la
palabra ha ido pasando al habla popular, muchas veces con un sentido muy
original, aunque incorrecto. Por ejemplo, en la República Dominicana,
para muchas personas vida silvestre equivale a control de la caza y la pesca porque, hasta hace poco, el Departamento de Vida Silvestre era el encargado de controlarlas.
En la actualidad, el concepto inicial de "vida silvestre" (equivalente a fauna salvaje)
se ha ido ampliando para incluir no solamente animales sino también a
plantas y ecosistemas (incluso paisajes) y vendría a incluir la flora silvestre y la fauna salvaje de una región dada, aún cuando todavía se le dé énfasis a los animales.
Flora silvestre son las plantas
de una región que crecen sin cultivar; aunque pudieran incluirse las
malezas de los cultivos, es preferible no incluir las especies que
crecen en los campos de cultivo (cultivadas o no).
Fauna salvaje es el conjunto de
animales que no han recibido la domesticación o cría por los humanos o
que posteriormente han adquirido la condición salvaje en escapes
accidentales o por razón de programas de repoblación de fauna.
La conservación de la vida silvestre
Es la regulación de animales y plantas salvajes de forma que permita su continuidad como un recurso natural. El término "conservación"
se refiere al manejo y uso de los recursos naturales por las
generaciones presente y futuras. En este concepto hay implicaciones
sobre el uso estético, deportivo, económico y ético de paisajes,
minerales, animales (incluyendo los que son cazados), plantas, suelos y
agua.
El término "conservación de la vida silvestre"
se ha usado para incluir un grupo cada vez más amplio de animales
–mamíferos, aves, peces, reptiles, anfibios, artrópodos (como las
langostas), y moluscos (como la ostra)- e igualmente incluye plantas. La
lista ha tenido una tendencia a ser dominada por ciertos grupos de
animales de importancia estética y/o económica; pero se está expandiendo
a medida que los valores se ensanchan, aumenta el interés por la
ciencia, y se llegan a conocer las relaciones, sutiles con frecuencia
pero siempre importantes, entre animales y plantas.
Los problemas de conservación animal varían
grandemente dependiendo del tipo de animal (si, por ejemplo, es
explotado principalmente por razones comerciales o recreacionales, si es
libre o no de cruzar fronteras nacionales) y de las condiciones
sociales y económicas de los diferentes países. En muchos países,
algunos animales son ampliamente cazados por deportistas, tanto en
terrenos privados como en públicos; por lo tanto, en estas regiones un
factor importante en la conservación de la vida silvestre es el control
de las licencias y la supervisión de los cazadores. Las aves y mamíferos
de caza que migran a través de fronteras nacionales requieren de un
esfuerzo internacional para su conservación. Los mamíferos marinos y
peces también presentan la necesidad de acuerdos y legislaciones
internacionales debido a que viven en aguas que no conocen de fronteras
nacionales y son explotados comercialmente por pescadores de muchos
países. Los pequeños mamíferos que son atrapados por su piel deben ser
protegidos por leyes domésticas pero las focas dependerían de un acuerdo
internacional. Los peces marinos, explotados principalmente por razones
comerciales, son protegidos por acuerdo internacional; pero los que
explotan los peces de agua dulce, principalmente pescadores que pescan
recreacionalmente (excepto en algunos cuerpos grandes de agua dulce,
como los Grandes Lagos de Norteamérica), reciben localmente sus
licencias y son controlados domésticamente.
En la idea de la conservación de la vida
silvestre parece que las consideraciones éticas ocupan una posición
central, pero su desarrollo ha sido tardío debido a que durante muchas
generaciones las personas tenían que luchar contra la naturaleza. Aunque
los pueblos primitivos dependían de una manera más directa de la vida
silvestre que los pueblos modernos, es casi cierto que los antiguos
humanos se preocupaban poco por conservar los animales de caza. La
desaparición de especies como el mamut y otros no crearon preocupaciones
a las poblaciones mientras que la desaparición de la 'tórtola pasajera'
o 'paloma migradora' (Ectopistes migratorius, en inglés passenger pigeon) sí que preocupó.
Convencidos del enorme poder destructor de la
humanidad, los primeros conservacionistas de principios del siglo 20
enfatizaron la responsabilidad ética de sus propias generaciones en la
conservación de los recursos naturales para la posteridad. Los ecólogos
modernos perciben que la naturaleza es una serie de complejas
comunidades bióticas de la cual la especie humana es una parte
interdependiente; Aldo Leopold, como vocero de los conservacionistas, ha
indicado que existe una responsabilidad moral no solamente hacia la
gente sino que también hacia la tierra y sus animales. Es así que nos
encontramos responsables por el destino de muchos productos de la
naturaleza, guiados por una tradicción de conservación y código de
conducta que tienen menos de 100 años de edad.
Por qué conservar? El problema
Durante los últimos 2,000 años, el mundo ha
perdido, por extinción, más de 100 especies o subespecies de mamíferos.
Aproximadamente dos tercios de estas pérdidas han ocurrido desde
mediados del siglo 19, y la mayoría desde inicios del siglo 20. Además
de esos mamíferos ya extintos, muchos más están desapareciendo o
amenazados.
El factor principal en la disminución de la fauna
mundial ha sido la sociedad humana moderna, operando ya sea en forma
directa a través de una cacería comercial excesiva o, lo que es más
desastroso, indirectamente por invasión o destrucción de los hábitats
naturales, dando armas de fuego a quienes antes no tenía o la
introducción en ciertas áreas (Australia y muchas islas) de mamíferos
exóticos más agresivos.
Comparativamente pocas especies parecen haber
desaparecido en los últimos años debido a senilidad evolucionaria,
enfermedad o cambio climático. Los interesados en la conservación de la
vida silvestre reconocen que se requiere mucho más que una simple
protección de animales individuales. La conservación de los animales
debe empezar con la conservación del hábitat, el área donde los animales
se alimentan, descansan y se reproducen. Desde luego que esto involucra
mucho más que la simple preservación de la población animal, e incluye
la conservación del suelo y la cubierta vegetacional. Pero el inmenso
crecimiento de la población humana mundial y sus necesidades económicas
en expansión, promoviendo la consiguiente extensión e intensificación de
la industria y la agricultura, ha invadido los hábitats naturales que
todavía permanecen en el mundo. Esto ha estado asociado con la
introducción de nuevos tipos de cultivo, drenaje de humedales, descenso
general de la capa freática, contaminación de ríos y lagos, destrucción
de los bosques, y el uso indiscriminado de insecticidas y herbicidas. En
muchas partes del mundo, ha ocurrido una destrucción amplia de los
bosques y de grandes zonas de vegetación natural.
Las actitudes hacia los animales salvajes
factibles de ser muertos para alimento, aceite, pieles, plumas o
deporte, han ido sufriendo cambios considerables en muchas partes del
mundo. Un ejemplo que ilustra bien las actitudes anteriores es el de
Gran Bretaña que estuvo implementando durante dos siglos la llamada
"protección de los animales de cacería"; el propósito original fue crear
artificialmente altas poblaciones de especies deportivas (perdices,
faisanes, patos, etc) mientras que, al mismo tiempo, se reducían las
poblaciones de los animales depredadores, incluyendo los buhos. Esta
alteración del equilibro natural tuvo muchas otras consecuencias,
particularmente en la agricultura y la silvicultura. Las poblaciones de
conejos y palomas aumentaron rápidamente y causaron daños muy amplios.
En algunos lugares de Gran Bretaña, el paisaje fue alterado sembrando
bosques y la creacción de otras áreas nuevas, incluyendo lagos
artificiales para las aves acuáticas –todo con el propósito de crear
grandes poblaciones de ciertas especies cinegéticas. Estas y otras
medidas resultaron en que a las especies de caza les fue
excepcionalmente bien mientras que otras especies salvajes tuvieron otra
suerte. La visión moderna es diferente: la conservación total de la
vida silvestre, y esta visión está reemplazando rápidamente a la
protección exclusiva de las especies cinegéticas.
Técnicas de conservación
Las técnicas de conservación de la vida silvestre
tienen contrapartidas en silvicultura y en la conservación de suelos,
aguas y paisajes. Entre ellas se incluyen prohibiciones y controles,
restauración, subsidio, santuarios y propiedad pública.
Las formas más antiguas de prohibiciones y controles son aquellas que regulan la cacería y la pesca. Aunque, como se dijo antes,
muchas de las primeras regulaciones resultaron en esfuerzos errados
dirigidos únicamente a aumentar las poblaciones de especies cinegéticas,
otros controles jugaron un papel importante en la protección de la vida
silvestre. Especialmente útiles fueron aquellas limitaciones sobre la
cacería de ciertas especies durante la época de reproducción.
Entre los mecanismos legales modernos, uno de lo
más importante en la protección de la vida silvestre son las leyes y
acuerdos internacionales que protegen las especies amenazadas y en
peligro. Igualmente importantes son las leyes y reglamentos que
determinan controles en la contaminación ambiental; los mejoramientos
resultantes en la calidad del aire y del agua mejoran las perspectivas
para la supervivencia de la vida silvestre (y humana). Sin embargo, la
reparación de hábitats que han sido dañados por contaminantes es un
proceso lento y, en muchos casos, la implementación de las leyes contra
la contaminación ha sido estorbada por litigios y débil cumplimiento.
Entre los métodos artificiales para revertir la
disminución de recursos se encuentran los programas de repoblamiento y
restauración de hábitats. Durante muchos años, se han ido desarrollando
granjas de especies cinegéticas y criaderos de peces para abastecer de
especies de interés para los deportistas. Más recientemente se han ido
desarrollando programas diseñados para reforzar poblaciones salvajes de
especies en peligro con individuos criados en cautividad. Tales
esfuerzos dependen no solamente de la reproducción exitosa en cautiverio
de la especie en peligro sino también de la capacidad de los individuos
liberados de hacer la transición hacia la vida salvaje. Un enfoque
todavía más ambicioso es la restauración de hábitats degradados, lo cual
es muy caro pero sus resultados pueden ser dramáticos en la
restauración de humedales, por ejemplo.
Los santuarios –también llamados reservas y
refugios- han sido muy importantes en la conservación de la vida
silvestre desde mediados del siglo 19. Los grandes parques nacionales
han dado la protección y el espacio necesario a los grandes depredadores
y otros animales grandes de praderas, lo mismo que la ausencia de
interferencia humana necesaria para que las aves puedan anidar; en
muchas partes también sirve para disminuir parcialmente la presión
ejercida por la cacería, en especial de aves acuáticas. La propiedad
pública, que usualmente acompaña el establecimiento de los santuarios,
facilita el manejo de la vida silvestre.
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