Origen de la Contaminación Atmosférica
(Emisiones)
(Emisiones)
Los contaminantes presentes en la atmósfera proceden de dos tipos de fuentes emisoras bien diferenciadas: las naturales y las antropogénicas.
En el primer caso la presencia de contaminantes se debe a causas
naturales, mientras que en el segundo tiene su origen en las actividades
humanas.
Las emisiones primarias originadas por los focos
naturales provienen fundamentalmente de los volcanes, incendios
forestales y descomposición de la materia orgánica en el suelo y en los
océanos. Por su parte, los principales focos antropogénicos de emisiones
primarias los podemos clasificar en:
| Focos fijos | Industriales | Procesos industriales |
| Instalaciones fijas de combustión | ||
| Domésticos | Instalaciones de calefacción | |
| Focos móviles | Vehículos automóviles | |
| Aeronaves | ||
| Buques | ||
| Focos compuestos | Aglomeraciones industriales | |
| Áreas urbanas | ||
Si atendemos a la distribución espacial de la emisión de contaminantes, podemos clasificar los focos en: puntuales, tales como las chimeneas industriales aisladas; lineales, por ejemplo, las calles de una ciudad, las carreteras y autopistas; y planos, las aglomeraciones industriales y las áreas urbanas son los ejemplos más representativos.
En el cuadro siguiente se muestra la proporción
entre las emisiones primarias naturales y antropogénicas para los
distintos contaminantes.
| Contaminante | Antropogénicos % |
Naturales % |
|---|---|---|
| Aerosoles | 11.3 | 88.7 |
| SOx | 42.9 | 57.1 |
| CO | 9.4 | 90.6 |
| NO | 11.3 | 88.7 |
| HC | 15.5 | 84.5 |
Las cifras anteriores muestran la gran
importancia que, en cuanto a emisiones globales, tienen las fuentes
naturales de emisión de contaminantes en relación con los
antropogénicos, excepto en el caso de las emisiones de anhídrido
sulfuroso en que casi se igualan ambas.
Atendiendo a la distribución espacial de estas
emisiones se observa que en las regiones más industrializadas de Europa y
Norteamérica las emisiones antropogénicas de SO2
alcanzan proporciones muy superiores a las naturales. Así en el Norte de
Europa las emisiones antropogénicas originan alrededor del 90% del
azufre que está en circulación en la atmósfera.
Otra circunstancia a tener en cuenta es que los
focos de emisión antropogénicos están concentrados, por lo general, en
áreas urbanas e industriales. Este conjunto de circunstancias hacen que
la contribución de las emisiones antropogénicas al problema de la
contaminación atmosférica a escala regional sea predominante.
Focos antropogénicos de emisión
Los principales focos de contaminación
atmosférica de origen antropogénico son las chimeneas de las
instalaciones de combusión para generación de calor y energía elétrica,
los tubos de escape de los vehículos automóviles y los procesos
industriales.
Contaminantes emitidos por los vehículos automóviles
En las últimas décadas, el automóvil ha aparecido
de forma masiva en las ciudades, contribuyendo a incrementar los
problemas de contaminación atmosférica como consecuencia de los gases
contaminantes que se emiten por los tubos de escape. Los principales
contaminantes lanzados por los automóviles son: monóxido de carbono
(CO), óxidos de nitrógeno (NOx), hidrocarburos no quemados (HC), y
compuestos de plomo.
No todos los vehículos lanzan los distintos tipos
de contaminantes en las mismas proporciones; éstas dependerán del tipo
de motor que se utilice. Los vehículos que emplean gasolina como
carburante emiten principalmente monóxido de carbono, óxidos de
nitrógeno, hidrocarburos y compuestos de plomo. La emisión de este
último tipo de contaminante se debe a la presencia en algunos tipos de
gasolina de tetraetilo de plomo, aditivo que se añade para aumentar su
índice de octano.
Los principales contaminantes emitidos por los
vehículos que utilizan motores de ciclo diésel (camiones y autobuses,
por ejemplo) son partículas sólidas en forma de hollín que da lugar a
los humos negros, hidrocarburos no quemados, óxidos de nitrógeno y
anhídrido sulfuroso procedente del azufre contenido en el combustible.
Calefacciones domésticas
Las instalaciones de calefacción domésticas son
una de las principales fuentes de contaminación atmosférica de las
grandes ciudades. Este tipo de focos puede contribuir con un 20 a 30% de
las emisiones totales a la atmósfera en áreas urbanas. Los principales
contaminantes producidos dependen del tipo de combustible empleado.
En el caso del carbón los principales
contaminantes producidos son: anhídrido sulfuroso, cenizas volantes,
hollines, metales pesados y óxidos de nitrógeno. Cuando el combustible
empleado es líquido (gasóleo o gasoil), los principales contaminantes
emitidos son: SO2, SO3, NOx, hidrocarburos volátiles no quemados y partículas carbonosas.
El gas natural es el combustible más limpio de
los actualmente disponibles para calefacción, siendo su producción de
contaminantes despreciable respecto a los otros combustibles. A la
introducción masiva del gas para calefacciones domésticas, sustituyendo
al carbón y al gasoil anteriormente utilizados, se debe en gran parte el
éxito del Plan de Descontaminación Atmosférica de la ciudad de Londres
(Gran Bretaña).
Calderas industriales de generación de calor
Entre las distintas fuentes de contaminación
atmosférica de origen industrial, la combustión de combustibles fósiles
para la generación de calor y electricidad ocupa un lugar preponderante,
tanto por la cantidad como por los tipos de contaminantes emitidos.
Especial atención merecen las centrales térmicas de producción de
electricidad.
Los combustibles utilizados por este tipo de
instalaciones son el carbón y el fuel-oil. La producción de
contaminantes depende en gran medida de la calidad del combustible, en
especial de las proporciones de azufre y cenizas contenidas en el mismo y
del tipo de proceso de combustión empleado.
Durante el proceso de combustión se libera a la
atmósfera el azufre contenido en el combustible en forma de anhídrido
sulfuroso. Junto con otros contaminantes como óxidos de nitrógeno,
dióxido de carbono, metales pesados y una gran variedad de sustancias.
Cuando se utiliza como combustible el carbón, se emiten abundantes
partículas finas que pueden ser trasladadas a grandes distancias.
Contaminantes emitidos por la industria
La contaminación de origen industrial se
caracteriza por la gran cantidad de contaminantes producidos en las
distintas fases de los procesos industriales y por la variedad de los
mismos. Por otra parte, en los focos de emisión industriales se suelen
combinar las emisiones puntuales, fácilmente controlables, con emisiones
difusas de difícil control.
Los tipos de contaminantes producidos por los
focos industriales dependen fundamentalmente del tipo de proceso de
producción empleado, de la tecnología utilizada y de las materias primas
usadas. Las actividades industriales que producen contaminantes
atmosféricos son muy variadas, pero los principales focos están en los
procesos productivos utilizados en las industrias básicas.
Entre los sectores que dan lugar a la mayor emisión de contaminantes atmosféricos podemos destacar:
- La siderurgia integral. Produce todo tipo de contaminantes y en cantidades importantes, siendo los principales: partículas, SOx, CO, NOx, fluoruros y humos rojos (óxidos de hierro).
- Refinerías de petróleo. Producen principalmente: SOx, HC, CO, NOx, amoniaco, humos y partículas.
- Industria química.Produce, dependiendo del tipo de proceso empleado: SO2, nieblas de ácidos sulfúrico, nítrico y fosfórico y da lugar a la producción de olores desagradables.
- Industrias básicas del aluminio y derivados del fluor. Producen emisiones de contaminantes derivados del flúor
Efectos Producidos por
la Contaminación Atmosférica
la Contaminación Atmosférica
La contaminación atmosférica afecta a millones de
personas de todo el mundo, especialmente a aquellas que viven en los
grandes núcleos urbanos y en áreas fuertemente industrializadas, con
denso tráfico de vehículos. Las emanaciones de polvos y gases corrosivos
deterioran el medio ambiente dando lugar a olores desagradables,
pérdida de visibilidad y daños para la salud humana, para los cultivos y
otras formas de vegetación y sobre los materiales de construcción.
La contaminación atmosférica apareció primero
como una molestia grave pero, posteriormente, se ha convertido en una
amenaza para la calidad de la vida, ya que una contaminación excesiva
puede poner en peligro la salud y llegar a convertir algunas zonas en
lugares no aptos para ser normalmente habitados.
Los efectos producidos por la contaminación
atmosférica dependen principalmente de la concentración de
contaminantes, del tipo de contaminantes presentes, de tiempo de
exposición y de las fluctuaciones temporales en las concentraciones de
contaminantes, así como de la sensibilidad de los receptores y los
sinergismos entre contaminantes. Hay que tener muy en cuenta la
graduación del efecto a medida que aumentan la concentración y el tiempo
de exposición.
Efectos de los Contaminantes Atmosféricos
Efectos sobre la salud humana
Las relaciones existentes entre las enfermedades
humanas y la exposición a la contaminación no son sencillas ni se
conocen con exactitud. No obstante, existen pruebas abundantes de que en
general, las concentraciones elevadas de contaminantes en el aire son
peligrosas para los seres humanos (y animales).
Los efectos que producen sobre la salud se ponen
claramente de manifiesto, como se ha observado en Londres, Nueva York y
Osaka entre otras ciudades, por el aumento de la mortalidad, sobre todo
en las personas de edad avanzada o en los individuos más sensibles por
cualquier razón. Más difíciles de discernir son los efectos que, a largo
plazo, pueden producir las exposiciones episódicas a elevadas
concentraciones medias y bajas de contaminantes.
Se ha comprobado la relación existente entre la
contaminación atmosférica, producida por partículas en suspensión y
anhídrido sulfuroso, y la aparición de bronquitis crónica caracterizada
por la producción de flemas, la exacerbación de catarros y dificultades
respiratorias tanto en los hombres como en las mujeres adultas. Se ha
observado igualmente, que cuando las concentraciones tanto de SO2
como de partículas en suspensión superan los 500 microgramos/metro
cúbico de aire, como promedio de 24 horas, se produce un aumento de la
mortalidad en la población en general, siendo los grupos más sensibles
los individuos con procesos cardíacos o pulmonares. Con promedios
diarios de 250 microgramos/metro cúbico de SO2 y de humos se ha registrado el empeoramiento en los enfermos con afecciones pulmonares.
Es de destacar que las concentraciones de partículas en suspensión y de SO2
que pueden provocar la aparición de efectos sobre la salud, pueden
variar de un lugar a otro según cuáles sean las características físicas y
químicas de las partículas, y en función de la presencia en el aire de
otros contaminantes que puedan producir efectos sinérgicos con aquéllos.
La presencia en el aire de elevadas
concentraciones de monóxido de carbono (CO) representa una amenaza para
la salud. El CO inhalado se combina con la hemoglobina de la sangre,
dando lugar a la formación de carbooxihemoglobina, lo que reduce la
capacidad de la sangre para el transporte de oxígeno desde los pulmones
hasta los tejidos.
Se ha comprobado que una saturación de
carbooxihemoglobina por encima del 10% puede provocar efectos sobre la
función psicomotora que se manifiesta con síntomas de cansancio,
cefaleas y alteraciones de la coordinación. Por encima del 5% de
saturación se producen cambios funcionales cardíacos y pulmonares y se
aumenta el umbral visual. No se han encontrado pruebas que indique
efectos significativos con una concentración de carbooxihemoglobina
inferior al 2%.
Los óxidos de nitrógeno, NOx, son contaminantes
igualmente peligrosos para la salud. La mayor parte de los estudios
relativos a los efectos de los NOx se han ocupado, sobre todo, del NO2 ya que es el más tóxico. Los efectos producidos por el NO2
sobre los animales y los seres humanos afectan, casi por entero, al
tracto respiratorio. Se ha observado que una concentración media de 190
microgramos de NO2 por metro cúbico de aire, superada el
40% de los días, aumenta la frecuencia de infecciones de las vías
respiratorias en la población expuesta.
Otros tipos de contaminantes que afectan a la
salud humana son los oxidantes fotoquímicos. Se han realizado estudios
epidemiológicos en la ciudad de Los Angeles y no se descubrió ningún
aumento de mortalidad como consecuencia de episodios de contaminación
fotoquímica, cuando las concentraciones de oxidantes variaban entre 0.5 y
0.9 partes por millón. No obstante, se ha observado que los oxidantes
fotoquímicos tienen efectos nocivos sobre la salud, produciendo
irritación de los ojos y mucosas. Los oxidantes fotoquímicos afectan
especialmente a las personas con afecciones asmáticas y
broncopulmonares, en los que se han observado crisis asmáticas y
disminución de la función pulmonar cuando las concentraciones
atmosféricas de oxidantes eran superiores a 500 microgramos por metro
cúbico de aire.
Los metales tóxicos presentes en el aire
representan una amenaza para la salud humana cuando se inhalan en
cantidades suficientes, debido a la tendencia que presenta el organismo a
su acumulación. Por su importancia, destacaremos los efectos producidos
por el plomo sobre la salud humana.
Los compuestos inorgánicos del plomo atmosférico
son absorbidos por los humanos, principalmente a través del sistema
respiratorio, alcanzando el torrente sanguíneo aproximadamente el 35%
del plomo inhalado por los pulmones. Una vez incorporado el plomo a la
corriente sanguínea, una parte se almacena en los huesos y otra se
expulsa por la orina, en una continua fase de renovación en el
organismo. A partir de ciertas cantidades puede producir efectos
adversos en el comportamiento, afectan la inteligencia de los niños y
ser causa de anormalidades en los fetos de madres gestantes. Los
adultos, por lo general, son menos sensibles que los niños a los efectos
del plomo, pero una acumulación excesiva en el organismo puede producir
serios e irreversibles daños en su sistema nervioso.
Otras sustancias tóxicas presentes en el aire
tales como el cadmio, amianto, el cloruro de vinilo, el benzo-a-pireno,
varios compuestos orgánicos halogenados y el benzeno, pueden provocar
modificaciones genéticas y malformaciones en los fetos, siendo algunos
de ellos cancerígenos.
Efectos de los Contaminantes Atmosféricos
Efectos sobre las plantas
Las plantas muestran una especial sensibilidad a
la mayor parte de los contaminantes del aire, y sufren daños
significativos a concentraciones mucho más bajas que las necesarias para
causar efectos perjudiciales sobre la salud humana y animal.
Es muy difícil establecer valores límites de la
contaminación atmosférica a partir de los cuales los efectos negativos
se empiezan a manifestar, ya que estos dependen de la constitución de la
planta y de la especie de que se trate, es decir, hay una especificidad
de respuestas.
Por otra parte, los efectos producidos por la
contaminación atmosférica se pueden manifestar por la alteración de
diversos mecanismos vitales de las plantas. Así, las funciones
metabólicas y los tejidos vegetales se pueden ver afectados como
consecuencia de la acción de gases como el anhídrido sulfuroso, el
monóxido de carbono y los compuestos de flúor. Los daños causados se
manifiestan en forma de necrosis foliar en áreas localizadas que
presentan un color marrón-rojizo-blanco, de clorosis, adquiriendo el
tejido una coloración verde pálida o amarilla, o por la aparición de
manchas puntuales necróticas. Si la acción del contaminante es muy
fuerte puede llegar a paralizar el crecimiento de la planta.
Entre los distintos contaminantes que se presentan generalmente en el aire ambiente, el SO2 es el que tiene mayor importancia debido a la gran toxicidad que tiene para la vegetación.
Los daños producidos por el SO2 a
las plantas obedecen a la exposición a altas concentraciones durante
periodos cortos; o por la exposición a concentraciones relativamente
bajas durante largos periodos.
Los daños agudos se producen com consecuencia de
exposiciones cortas a concentraciones elevadas. Exposiciones medias
diarias de 130 microgramos de SO2 por metro cúbico de
aire durante el periodo de crecimiento, pueden causar daños en las
coníferas más sensibles. Estos daños se caracterizan por la aparición de
necrosis apicales de color rojo o anaranjado.
La exposición a menores concentraciones durante
tipos de exposición más largos ocasiones lesiones crónicas. Exposiciones
medias anuales de anhídrido sulfuroso de 50 microgramos por metro
cúbico de aire pueden causar daños a especies forestales sensibles.
Estas se manifiestan por un gradual amarilleamiento de la hoja que se va
extendiendo desde la zona apical a la base de la misma, causada por
dificultades en el mecanismo sintetizador de la clorofila. En las
plantas dañadas se encuentran grandes cantidades de sulfato en las hojas
con síntomas crónicos.
Las brumas de ácido sulfúrico, causadas por la
presencia en el aire de los óxidos de azufre, producen daños en las
hojas, caracterizados por la aparición de manchas producidas por las
gotas de ácido depositadas sobre las hojas humedecidas por el rocío o la
niebla. Concentraciones relativamente bajas de SO2
pueden causar daños importantes en la vegetación sensible, como
consecuencia de la acción sinérgica de este contaminante con el ozono y
los óxidos de nitrógeno, aunque estos se presenten en bajas
concentraciones en el aire.
El flúor y sus derivados son contaminantes del
aire que se caracterizan por ser tóxicos en general para las plantas a
muy pequeñas concentraciones. La sensibilidad de las plantas a la acción
del flúor varía, como en el caso del SO2, según las
especies y las condiciones del medio, siendo especialmente sensibles a
este contaminante las viñas y las plantaciones frutales, especialmente
las de frutos con hueso (como el melocotón o durazno). En el medio
forestal, las resinosas son las especies más sensibles al flúor, ya que
al tener hojas perennes y tener el flúor un efecto acumulativo sobre los
tejidos, se va almacenando hasta sobrepasar los umbrales de toxicidad,
lo que da lugar a la aparición de necrosis que pueden llegar a producir
la muerte de grandes masas forestales.
Un aspecto importante del efecto acumulativo del
flúor es su transmisión a través de las cadenas alimentarias. El
mecanismo es el siguiente: el flúor presente en el aire se acumula en
los pastos y de éstos pasa a los animales, siendo los bovinos los más
afectados. La acumulación del flúor en los tejidos puede causar la
aparición de la fluorosis, enfermedad que se presenta sobre todo en el
ganado vacuno. Observaciones realizadas muestran que la ingestión de
pastos puede ser tolerada sin efectos negativos, cuando su concentración
en flúor no supera los 40 ppm como media durante todo el año.
Se ha observado la aparición de lesiones visibles
sobre las hojas después de una exposición durante un día a
concentraciones de flúor en el aire de 3 a 10 microgramos por metro
cúbico. Para concentraciones entre 0.5 y 3 microgramos/metro cúbico los
efectos se manifiestan cuando transcurren periodos de exposición
superiores a un mes.
Entre los óxidos de nitrógeno solo el NO2
es tóxico para las plantas, a pequeñas concentraciones y largo tiempo
de exposición. Los daños se manifiestan por la aparición de necrosis y
clorosis de color negro o marrón rojizo en las hojas. Los sinergismos de
NO2 y SO2 provocan a bajas concentraciones alteraciones en la vegetación. Este hecho se ha observado en las zonas urbanas.
La contaminación atmosférica fotoquímica produce
daños en la vegetación a concentraciones que ya se están alcanzando en
algunas ciudades. El ozono y el PAN son los principales causantes de
estos daños. Las lesiones producidas por el ozono se manifiestan como
manchas blancas o punteados claros sobre el haz de las hojas. Los daños
producidos por los PAN se presentan como graves lesiones foliares
caracterizadas por una tintura plateada o vidriosa en el envés de la
hoja, así como por un ataque general en las hojas jóvenes.
La radiación gamma produce numerosos efectos
biológicos sobre las plantas, incluyendo daños a los ácidos nucléicos,
citocromos, mitocondria y membranas celulares. Una irradiación crónica
en una amplia zona produce una disminución gradual de la diversidad de
plantas. Poco a poco los bosques van muriendo, empezando por los árboles
más sensibles como los pinos.
Efectos de los Contaminantes Atmosféricos
Efectos sobre los materiales
Cada vez se está prestando más atención, tanto
por sus repercusiones económicas como por los daños irreparables que
causa sobre los objetos y los monumentos de alto valor
histórico-artístico, a los efectos que la contaminación atmosférica
produce sobre los materiales.
La acción de los contaminantes atmosféricos sobre
los materiales puede manifestarse por la sedimentación de partículas
sobre la superficie de los mismos, afeando su aspecto externo, o por
ataque químico al reaccionar el contaminante con el material. Los SOx
causan daños a muchos tipos de materiales, bien directa o
indirectamente. Un alto contenido de SOx en el aire produce la
aceleración de la corrosión de los metales tales como el acero al
carbono, zinc, acero galvanizado, compuestos del cobre, niquel y
aluminio. Esta aceleración se ve favorecida por la presencia de
partículas depositadas por la humedad y por la temperatura.
En general, puede señalarse que la corrosividad
de una atmósfera depende de condiciones meteorológicas y factores de
contaminación. Se han observado correlaciones entre tasas de corrosión
en metales y concentraciones de SO2 en la atmósfera,
dándose las tasas altas de corrosión más altas en zonas
industrializadas. Las nieblas de ácido sulfúrico procedentes de la
conversión catalítica del SO2 a SO3 en la
atmósfera, atacan a los materiales de construcción como el mármol, la
caliza y la argamasa, conviertiendo los carbonatos en sulfatos solubles
en el agua de lluvia. Esto unido a que el volumen específico de los
sulfatos es mayor que el de los carbonatos, hace que en la piedra
aparezcan escamas y se debilite mecánicamente.
Los compuestos de azufre pueden producir daños en
pinturas plásticas, papel, fibras textiles y sobre los contactos
eléctricos de los sistemas electrónicos, dando lugar a deficiencias en
su funcionamiento. La acción de los oxidantes fotoquímicos se produce
sobre todo en los cauchos y elastomeros en los que causan un rápido
envejecimiento y agrietamiento. Los óxidos de nitrógeno decoloran y
estropean las fibras textiles y los nitratos producen la corrosión de
las aleaciones de cupro-niquel.
Efectos sobre visibilidad
La presencia de contaminantes en la atmósfera
produce la absorción y dispersión de la luz solar, acompañados de una
notable reducción de la visibilidad. Los aerosoles de tamaños
comprendidos entre 1.4 y 0.8 micras son los que tienen una mayor
influencia en la dispersión de la luz solar, debido a la proximidad de
su tamaño a la longitud de onda de la luz visible.
Se ha observado una estrecha relación entre la
disminución de la visibilidad y la presencia de sulfatos en la
atmósfera. Una experiencia realizada en Suecia, ha demostrado que los
periodos de mínima visibilidad se corresponden con concentraciones
máximas de sulfatos y nitratos presentes en la atmósfera.
Los gases presentes normalmente en la atmósfera no absorben la luz visible. El NO2
en concentraciones altas puede tener un efecto significativo ya que
absorbe la franja azul-verde del espectro visible de la radiación solar.
Consecuencia de esta absorción es el que la atmósfera de las grandes
ciudades adquiera una coloración amarilla-parduzca-rojiza cuando se
presentan concentraciones de NO2 elevadas.
Efectos de los Contaminantes Atmosféricos
Efectos Globales
Cada vez está más admitida la necesidad de
realizar estudios sobre los posibles efectos que a largo plazo puede
producir la contaminación atmosférica sobre los distintos ecosistemas,
sobre el clima y sobre la estratosfera. Tanto las modificaciones de las
características de los suelos, debidas al lavado de los elementos del
mismo por las lluvias ácidas, como los cambios producidos en las grandes
masas de agua por el aumento de la concentración de metales tóxicos,
pueden tener consecuencias ecológicas irreversibles.
El aumento de las concentraciones de dióxido de
carbono y de otros contaminantes en la atmósfera puede dar lugar a una
elevación general de la temperatura del globo, por «efecto invernadero»,
que modificaría el régimen de lluvias, lo que produciría alteraciones
sobre las tierras cultivables y la extensión de los desiertos. Por otra
parte, los sulfatos y las partículas finas que disminuyen la visibilidad
pueden igualmente reducir la intensidad de la radiación solar. Los
hidrocarburos halogenados y los óxidos de nitrógeno emitidos por los
aviones supersónicos pueden provocar una disminución de ozono en la
estratosfera con el consiguiente aumento de la radiación ultravioleta
que llegaría a la Tierra.
Efectos sobre los ecosistemas (lluvias ácidas)
Los primeros efectos producidos por las
precipitaciones ácidas se detectaron en cientos de lagos de
Escandinavia, alrededor de los años 60. En la actualidad, más de 18,000
lagos están acidificados, en Suecia alrededor de 6,000 de ellos muestran
graves daños sobre la biología acuática, y unos 2,000 de los situados
en la zona meridional y central han perdido sus poblaciones piscícolas.
La acidificación de las aguas interiores tiene
efectos muy graves sobre los ecosistemas acuáticos. Se ha demostrado que
todos los tipos de organismos integrantes de los ecosistemas de agua
dulce son sensibles a la acidificación, produciéndose cambios en todos
los niveles tróficos. La acidificación de los lagos y de las masas de
agua se está extendiendo progresivamente cada vez a mayor número de
países, afectando día a día a más extensas áreas.
Las zonas más propensas a la acidificación del
agua tienen suelos ácidos de poca profundidad, superpuestos a rocas
graníticas o son suelos arenosos muy erosionados. El aumento de la
acidez del agua de los lagos y ríos provoca un fuerte aumento del
contenido de iones aluminio disueltos en el agua. El ión aluminio es muy
tóxico para la mayor parte de los organismos y se cree que la causa
última de la muerte de las poblaciones de peces en los lagos
acidificados se debe al envenenamiento por aluminio. Otros metales tales
como el cadmio, zinc y plomo tienen igualmente una mayor facilidad para
disolverse, por lo que son más accesibles para los animales y plantas
acuáticas.
Los suelos presentan, por lo general, una mayor
resistencia a la acidificación que el agua. No obstante, el grado de
sensibilidad puede variar muy ampliamente de unas zonas a otras
dependiendo, principalmente, del espesor de la capa de humus, de la
consistencia del sustrato, así del tipo de rocas y suelo. Uno de los
efectos más importantes de la acidificación de los suelos es,
probablemente, el incremento de la movilidad con las consiguientes
pérdidas por lixiviación de ciertos cationes metálicos de carácter
básico tales como el calcio, magnesio, potasio y aluminio.
En Europa Central, las altas deposiciones de
compuestos de azufre y nitrógeno han producido graves daños sobre
amplias áreas de suelo y bosques. El daño a los bosques probablemente ha
sido causado por la acción combinada de ácidos y metales en el suelo y
por las altas concentraciones de SO2 presentes en el aire
de estas zonas. La combinación de un bajo pH en el agua del suelo unido
a la presencia de metales, principalmente aluminio, produce daños en
las raíces de los árboles, através de las cuales absorben gran cantidad
de nutrientes. Este hecho produce una pérdida de vitalidad haciéndolos
especialmente sensibles a las plagas.
Efectos sobre el clima (efecto invernadero)
Durante los últimos años se ha venido poniendo de
manifiesto una preocupación creciente por los posibles efectos que
sobre el clima pudiera causar el aumento progresivo de contaminantes en
la atmósfera como consecuencia de las actividades humanas.
Observaciones realizadas en Suecia, Australia, Alaska y Hawai muestran que la concentración de CO2,
que oscilaba entre 265 y 290 ppm antes de los años cincuenta, llegó a
ser de 330 ppm en 1976, aumentando a un ritmo de alrededor de 1 ppm en
el curso de los últimos años.
Se cree que el incremento de CO2
en la atmósfera es debido a las alteraciones que las actividades humanas
producen en el ciclo biogeoquímico del carbono ya que, por una parte,
en la combustión de combustible fósiles y en los incendios forestales se
producen grandes cantidades de CO2, y por otra parte,
estos mismos incendios y la tala progresiva de bosques, que produce una
disminución de las masas forestales mundiales, la degradación del suelo y
la creciente desertificación, producen una disminución de la tasa de la
absorción total del CO2 presente en la atmósfera por la vegetación.
El incremento de la concentración del CO2 en la atmósfera puede alterar la temperatura de la Tierra debido a que el CO2
es transparente a la radiación solar recibida del sol, dejándola pasar
libremente, pero absorbe la radiación infrarroja emitida desde la
tierra. El efecto total es que cuanto mayor sea la concentración de CO2
en la atmósfera, mayor es la cantidad de energía recibida por la Tierra
desde el Sol que queda atrapada en la atmósfera en forma de calor. Este
fenómento que se conoce con el nombre de «efecto invernadero» produciría un recalentamiento de la atmósfera.
Se ha estima que, de duplicarse la concentración actual de CO2
en la atmósfera, podría aumentar en dos o tres grados centígrados la
temperatura de la misma. En las zonas lluviosas se incrementarán las
precipitaciones y las zonas áridas serán aún más áridas, mientras que
los hielos polares comenzarán a derretirse.
Los sulfatos y las partículas finas presentes en
la atmósfera pueden tener igualmente efectos sobre el clima. Las
partículas finas tienen una doble acción sobre la radiación solar: por
una parte, difunden la luz incidente y, por otra, absorben una parte de
esta radiación, lo que produce un calentamiento de las partículas y la
emisión de radiación infrarroja. Los efectos atmosféricos que producen
dependerán de la altitud a que las partículas se encuentre.
Las de baja altura disminuyen el flujo solar
sobre el suelo, pero contribuyen a aumentar el efecto invernadero. A más
alta temperatura, el efecto de barrera solar es preponderante,
produciendo un enfriamiento de la baja atmósfera y un calentamiento en
la estratosfera. Las partículas pueden causar también efectos sobre el
clima de forma indirecta al actuar como núcleos de condensación del
vapor de agua y jugar éste un importante papel en los cambios de calor
atmosférico.
Otro tipo de contaminantes vertidos a la
atmósfera que pueden afectar el clima son los clorofuorcarbonos, debido a
su acción sobre la capa de ozono y a que, como ya se ha indicado
anteriormente, el ozono es el principal absorbente de la radiación solar
ultravioleta en la estratosfera, regulando la temperatura de la misma.
Efectos sobre la estratosfera
La presencia en la estratosfera de determinados
compuestos, especialmente los clorofluorocarbonos, puede provocar una
disminución de la concentración de ozono en la estratosfera. La capa
estratosférica de ozono protege la superficie de la tierra de una
exposición excesiva a los rayos solares ultravioletas actuando como
filtro. Una disminución sensible de esta capa protectora tendría efectos
perjudiciales para la salud humana y para la biosfera.
Este incremento de la radiación produciría un
aumento apreciable de casos de cáncer de piel en los seres humanos y
efectos negativos sobre los organismos, al ser ciertos tipos de plancton
vegetal, animales invertebrados y algunos vertebrados en determinadas
etapas de su ciclo vital, especialmente sensibles a la radiación
ultravioleta.
FUENTE: jmarcano.com
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